Más horas no significa mejor: cómo evitar que el estrés laboral te afecte a ti y a tu familia

Si alargas tu horario de trabajo, ya sea en el espacio laboral o en el hogar; si después permaneces conectado a través del móvil o la tablet revisando correos, atendiendo llamadas y mensajes o preparando reuniones y si tu tema principal de conversación (con la pareja, los amigos o la familia) es algo relacionado con el trabajo ha llegado a la hora de dar un giro a tu concepto de eficiencia en el trabajo. Tal como explica la psicóloga Elena Olaiz, experta en terapia de acción, para ser eficientes hay que trabajar menos horas y lograr que sean más productivas, pues cuando se dedica mucha parte de la jornada al trabajo se hace en detrimento del descenso, del placer y del bienestar tanto personal como de la familia.

Para Olaiz, eso de «cuantas más horas trabaje, mejor» no solo es un autoengaño, sino que además es una falsa ilusión porque realmente no se hace más en ese tiempo. Y si realmente se hace, lo único que conseguimos es sacrificar la vida personal. Conversamos con ella para aprender a cambiar este paradigma, que empieza a ser la nota dominante en el ámbito laboral, especialmente entre los mandos intermedios de muchas empresas.

¿Cuáles son las consecuencias que puede sufrir una persona a la que le cuesta desconectar del trabajo?

Todas las que puedas imaginarte y más. No exagero. En el peor de los casos puede desarrollar una enfermedad: tener un infarto, dificultades de sueño, problemas digestivos, problemas de piel, cefaleas, problemas psicológicos como ansiedad, depresión, irritabilidad…

Afecta a la persona que lo sufre y a su entorno porque al no desconectar del trabajo, acaban pagándolo también sus seres queridos. Imagínate con tu familia cuando te encuentras tranquila, relajada, con paz mental…. Y ahora visualízate enfadada, frustrada, agobiada, con la sensación de hacer y hacer, pero sin llegar a acabar lo que deberías haber hecho. Si esta situación se repite en el tiempo, tus defensas bajan, empiezas a notarte cansada, sientes que todo te cuesta, todo te da pereza y acabas necesitando parar, pero entonces ya con un poquito no basta. Digamos que llevas tanto tiempo en el límite que dejas de pasar tiempo con tus hijos, cada vez estás más alejada de la pareja, casi no quedas con tus amigas, no duermes ni descansas bien, y no recuperas por la noche lo que tu cuerpo y tu mente necesita, hasta que acabas con una baja laboral o en el hospital por haber explotado literalmente.

¿Y cuáles son los efectos para la familia? ¿Cómo se puede saber que se está pagando con ellos?

En el caso de tener hijos esa persona percibe que pierde rápidamente la paciencia, no se mantienes firme con los límites que decide ponerles y se acaba cediendo a sus pretensiones para que acepten, estén tranquilos y se callen.

Además, el hecho de necesitar descansar y no poder puede hacer que acaben gritando a su pareja o a los hijos y después se terminen arrepintiendo de lo que han dicho porque puede haberles hecho daño. Incluso muchas veces puede notar que ha perdido la ilusión, que todo se le hace un mundo, que con la pareja se siente más distante y no tiene ganas de sexo, que no disfruta con ellos ni disfruta de la vida en general.

«Uno de los mayores sufrimientos del ser humano es perderse a sí mismo, perder su esencia y su autenticidad y convertirse en alguien que no quiere ser»

En algunos trabajos toman las horas extra y las jornadas interminables como una norma. Podría parecer que algunas personas «no quieren llegar a casa», ¿qué podría haber detrás de esos comportamientos?

Insisto en que «más no significa mejor». Esto es un error garrafal que sucede en algunas empresas y que deriva de una mentalidad desfasada. Pero si los expertos estamos hablando cada vez más de la importancia de tener una jornada de 32 horas semanales repartida en 4 días de trabajo y 3 de descanso, es precisamente para mejorar la salud de las personas y rendir mejor en el trabajo.

De forma puntual, muy puntual, podría hacerse, pero sabiendo que va a repercutir negativamente en la persona porque no podemos mantener una carga mayor de trabajo durante un periodo largo de tiempo. Un estrés sostenido de forma duradera genera problemas muy graves en la salud de cualquier persona. Por lo tanto, habría que valorar los riesgos y los beneficios y entonces sopesar si finalmente compensa o no.

Existe una tendencia a tomarse las cosas en el trabajo como «algo personal» y a menudo se escuchan frases del tipo «le caigo mal», «me quiere anular», «tiene miedo de que le quite el puesto», «nunca asume sus errores», «paga sus problemas con el resto» ...

Este es otro autoengaño en el que habitualmente vivimos: el egocentrismo del ser humano y creer que somos el centro de atención de los demás, tanto para percibir que nos elogian como para sentir que nos critican. ¿A quién no le ha pasado?

Aunque también puede suceder lo contrario y que eso se haga realmente con intención. Sea de cualquier manera, hay que saber lidiar con cada una de esas posibilidades, tanto si es una intención de la otra persona como si es una percepción errónea nuestra. Porque el efecto en nosotros es el mismo: un malestar psicológico que no sabemos solventar.

Una adecuada gestión de las emociones y de las relaciones es fundamental.

«El clima laboral se contagia, por lo que todos podemos aportar nuestro granito de arena para sentirnos felices y cómodos en el trabajo»

¿Cuál es la actitud más saludable a nivel psicológico con los compañeros, los jefes, los clientes y los colaboradores en el trabajo?

La mejor arma es la amabilidad y la mejor actitud es la coherencia y congruencia con uno mismo para no perderte a medida que vas construyendo tu camino.

Uno de los mayores sufrimientos del ser humano es perderse a sí mismo, perder su esencia y su autenticidad y convertirse en alguien que no quiere ser. Esta incongruencia y el dejarse llevar por los demás, para agradarles o para evitar el rechazo es el gran mal de este siglo.

La autoestima no se hereda genéticamente, ni nos viene dada, sino que se construye cada día con lo que uno hace y no hace, con lo que uno dice y no dice. A través de lo que pensamos, sentimos y hacemos nos vamos construyendo y, por lo tanto, tenemos mucha más responsabilidad en el logro y evolución de nuestro bienestar y mucha más opción de cambiar de lo que creemos. La pregunta sería: «¿Esto que yo hago, me aleja o me acerca a mi objetivo?».

Así se trabaja la autogestión emocional

La autogestión emocional es la manera en que las personas somos capaces, o por lo menos lo intentamos, de reconocer nuestras emociones y la experiencia subjetiva que las acompaña para después saber regularnos emocionalmente y así también ayudar a regular las emociones de los demás.

El primer paso es el autoconocimiento, que consiste en identificar qué nos sucede en concreto y en función de lo que pensamos, sentimos y percibimos, deberemos actuar permitiendo liberar la emoción sin dañar a nadie, ni a uno mismo.

En el espacio laboral también podemos beneficiarnos de la autogestión emocional. ¿Cómo? La psicóloga recomienda hacer una lista semanal para identificar qué situaciones se repiten en el trabajo y cómo nos impactan.

Posteriormente, habrá que hacer un análisis de éstas para conocer qué hemos hecho hasta ahora para resolver esta situación o para hacerla más liviana. Así, conoceremos cuál de las soluciones puestas en práctica han funcionado y cuáles todavía no las hemos ejecutado.

Finalmente, dejaremos que la emoción sentida se exteriorice, pero creando un contexto protegido para no dañar a nadie, y encontraremos la manera asertiva en la que podamos poner un límite al otro para que en un futuro no vuelva a suceder la misma situación que nos pueda hacer daño.

«No debemos luchar con nuestras emociones, debemos aceptarlas y validarlas, porque aparecen con un fin y debemos descubrir cuál es ese fin por el que aparecen», aclara Olaiz.

¿Y cuáles serían los comportamientos más dañinos?

Sin duda transgredir los límites propios y los de los demás. Un ejemplo sería ser incapaz de decir 'no' a un jefe. Obviamente todos los trabajadores quieren dar lo mejor de sí mismos, pero sin dejarse la salud en ello. Trabajamos para vivir y un trabajador feliz rinde mucho más, es más productivo y se coge menos bajas… El clima laboral se contagia, por lo que todos podemos aportar nuestro granito de arena para sentirnos felices y cómodos en el trabajo.

La competitividad es otro de los grandes males en detrimento de la cooperación y la colaboración. Escalar en la empresa a costa de otros no es necesario, no se vive más feliz así y, al final, puedes tener más reconocimiento y salario, pero poco a poco todo lo conseguido te irá pesando porque te encontrarás solo y vacío. Y créeme, no compensa.

¿Qué cosas se pueden hacer en el día a día para «hacer equipo» y trabajar la confianza entre las personas que trabajan contigo?

No existen verdades absolutas, depende de la persona a la que nos dirigimos y con la que queremos establecer una confianza. Tener la intención para mejorar el clima laboral ya es fabuloso, porque beneficia a todos.

Habrá algunas personas que quieran entablar una relación más allá del ámbito laboral, pero habrá otras que no quieran o que se sientan violentadas por hablar de temas que no sean laborales. Por lo tanto, mi recomendación sería preguntar de forma amable y verdadera por el trabajo, es decir, tener una mirada más humanista en el trabajo, pensando en aportar al otro, interesarse por lo que hace y por cómo cooperar y enriquecerse mutuamente. Por lo tanto, sustituir una mirada individualista por una visión más colaborativa y de equipo. El primer paso es tener la intención honesta y verdadera de interesarse por el otro, sean compañeros o jefes.

Además, no hay que olvidar que el objetivo en este caso no es hacer amigos, sino ser buenos compañeros de trabajo y crear un clima laboral positivo para sentirnos autorrealizados y con un mayor bienestar en el trabajo.