Por el derecho a desconectar: ¿Nos han enseñado a poner el mundo en pausa?

¿Recuerdas cómo era relajarte sin redes sociales? Sí, esos momentos de desconexión que de verdad suponían un punto de inflexión en nuestras jornadas laborales. A día de hoy, el teletrabajo ha permitido que muchos de nosotros nos veamos casi obligados a estar pendientes de un móvil que no deja de sonar, un correo que parece reclamar nuestra atención y multitud de factores que nos impiden hacer algo tan básico como necesario: desconectar para volver a vivir.

En multitud de ocasiones, los jóvenes han sido el foco de todo tipo de planteamientos que cuestionaban su forma de hacer las cosas. Un linchamiento gratuito que no abogaba por tender la mano a una generación marcada por la crisis, sino que echaba más peso a una mochila que, de por sí, quizás contuviera algunos kilos de más. Ante esta tesitura, es inevitable que nos planteemos una cuestión: ¿nos han enseñado a poner el mundo en pausa? ¿Somos capaces de gestionar las emociones que surgen al no ser productivos 24 horas al día durante siete días a la semana? ¿Aburrirse es sinónimo de pérdida de tiempo? ¿O a veces es necesario poner tu mundo en stand by para empezar a conocerte?

 

Si tenemos en cuenta las últimas cifras oficiales, España es uno de los países que más antidepresivos consume de toda la Unión Europea. Mar Martínez García, especialista en EMDR (Eye Movement Desensitization and Reprocessing) y dependencia emocional, ofrece su visión sobre lo peligroso que resulta olvidarnos de nosotros mismos y no ser capaces de poner un límite real a nuestra actividad: "Hace mucho tiempo que dejamos de tener momentos para conocernos y saber quiénes somos, lo que ha favorecido enormemente a los problemas de salud mental. Si nos vamos a los suicidios, 10 personas al día se quitan la vida y 200 lo intentan. Todas estas cifras deberían hacernos ver qué está pasando con esta sociedad hipermedicada que está dejando de lado el autoconocimiento, la identidad y la salud mental".

"Hay mucha gente que se siente mal por desconectar"

Es evidente que el trabajo a distancia nos ha permitido sacar adelante multitud de tareas sin necesidad de exponernos al riesgo de la pandemia. Sin embargo, cada vez es más necesario dilucidar aquello que pertenece a nuestra zona lúdica y lo que forma parte de nuestro entorno laboral. Es evidente que, poco a poco, vamos siendo más dependientes de un sistema que nos impide desconectar como queremos, que nos hace esclavos de un exceso de información y que incentiva que una persona deba ser capaz de estar disponible y operativo más tiempo del habitual.

En otras palabras... ¿vivimos más acelerados que antes de la crisis sanitaria? "El hecho de ocupar lugares del descanso o la parte lúdica que antes eran propios y ahora son del trabajo, hace que mentalmente tampoco desconectemos", indica Mar. "A la parte de las empresas esto va muy bien, porque el cerebro no sabe hasta dónde tiene que llegar ni cómo separar lo laboral de la "caja del yo" -es decir, ese lugar en el que estamos nosotros con nuestros hobbies-. Así que sí, sin duda ha menoscabado bastante nuestro bienestar. Creo que hemos estado tanto tiempo parados -cuando la sociedad precisamente nos ha enseñado a ser seres multitarea-, que ahora es como, todo lo contrario: hay que volver a encontrar el equilibrio y reconectar con la salud mental para saber diferenciar entre nuestra área laboral y nuestros horarios".

Desde pequeños se nos ha enseñado a ser productivos, a no perder el tiempo y a sacar adelante todo el trabajo. Pero… ¿en algún momento se nos enseña a desconectar o descansar?

Mar: No. De hecho, en el momento en el que nos encontramos, las familias desde pequeños nos premian con el esfuerzo y los resultados académicos. Es peligroso, porque este premio es igual a gestos afectivos. Nosotros vamos interpretando desde que somos pequeños que lograr cosas académicamente es igual a recibir amor de nuestras figuras de apoyo. Por lo tanto, entendemos que el ser humano necesita amor de base para poder vivir y tener salud, así que llegamos a la conclusión de que el trabajo es igual a tener una valoración afectiva. Pero es una asociación muy peligrosa. El tema de desconectar hoy en día se considera incluso como algo negativo. Hay mucha gente que se siente mal por parar, y debería ser un aviso de que algo no está yendo bien. El cuerpo necesita regenerarse, reestructurarse y reconectar después de pasar por periodos de descanso. Deberíamos plantearnos esa obsesión por la productividad y obtener resultados, además del problema que estamos generando de pérdida de identidad, de valores, e incluso de conexión con otros seres humanos. El ser humano tiene una dimensión espiritual, no necesariamente religiosa, a la que no se le está dando valor y que es la que nos enferma.

¿Deberían enseñar en las aulas cómo gestionar la sensación de fracaso que genera no ser productivo 24/7?

Mar: Totalmente. De hecho, en los colegios deberían enseñar como asignatura obligatoria la inteligencia emocional. A mis consultas llegan adultos que no tienen vocabulario para poner nombre a la emoción que están sintiendo en ese momento. Y a lo que tú no le puedes poner palabras, no lo puedes solucionar. Volvemos a lo mismo: desde pequeños nos dicen en las aulas que somos buenos cuando tenemos rendimientos académicos. Muchas veces, los chavales juegan con ello para captar la atención que no han tenido en casa en su momento. Al final ellos también se frustran y entran en un bucle de "yo soy mis notas". Y tú no eres tus notas ni tus resultados académicos. Por eso considero que falta mucha educación emocional en los colegios e institutos.

De hecho, deberíamos empezar desde ahí. Desde luego, la tolerancia al fracaso es algo necesario para poder tener éxito. Nos hemos empeñado en seccionar trabajo por un lado y por otro el éxito, pero no puede haber una sin la otra. Deberíamos incentivar a los chavales a que se arriesgaran y lidiaran con el fracaso desde temprano para que luego fueran adultos con tolerancia a la frustración. Es algo que al final origina mucha incapacidad en todas las áreas de la vida.

"Ser excesivamente productivos nos convierte en personas controladoras"

¿Debemos desechar la idea de que desconectar no es sinónimo de perder el tiempo?

Mar: Sin duda. Eso hay que hacerlo una bola y tirarlo a la basura. Desconectar es necesario para volver a reconectar. Nos hemos olvidado de que el ser humano no es un robot, sino que necesita también sus momentos para conectar de otra forma. Algo que yo critico mucho en la sociedad ahora mismo es la incapacidad que tenemos de conectar con otras personas desde el corazón y los valores. Está habiendo un problema de desconexión no solamente laboral, sino también afectiva. Muchas personas solteras creen que a lo que tienen miedo es a la soledad, pero realmente no es ese el problema, sino lo que se están encontrando dentro de la incapacidad para conectar por otras personas que por lo que sea no están disponibles emocionalmente. Deberíamos entrenar para soltar el control, porque estamos creando seres controladores, obsesivos y con unos niveles de ansiedad que estamos tolerando como algo normal, pero a largo plazo se convierten en enfermedad. El otro día escuchaba en Spotify anuncios de ansiolíticos como si fueran pastillas Juanola. Creo que estamos normalizando la ansiedad de forma muy peligrosa.

Se lo hemos escuchado a cómicos como Ignatius Farray, a políticos como Íñigo Errejón… ¿Crees que de verdad vivimos en un mundo donde lo reivindicativo es aburrirse?

Mar: Volvemos a lo mismo: el hecho de ser personas excesivamente productivas nos convierte en robots, y el serlo nos hace ser controladores. A largo plazo se traduce en ansiedad y en miedo a lo imprevisto. Cuando tú te aburres y decides "desconectar", tu cerebro empieza a ser creativo. De hecho... ¿de dónde surge la creatividad? De esos momentos en los que no estás pensando en nada. Aburrirse no debe de ser un concepto negativo o peyorativo, sino un término ligado a la creatividad. Son esos momentos donde nos permitimos que nuestras ideas fluyan, que nuestro "yo" más profundo salga también. Por lo tanto, es necesario para desarrollar el autoconocimiento y ser capaces para estar solos. Muchas veces se convierte en un problema que no nos deja avanzar. A la sociedad le interesa que no nos aburramos, porque si paras, tienes que hacer frente a todos esos aspectos de ti ante los que no te ves capacitado o capacitada para atender. Cuando paras, tu cerebro te dice: "Oye, ¿sabes que tienes esto pendiente y aún no lo has solucionado?". Es como vale, ¿y ahora que hago? Pues voy a seguir trabajando. Muchas personas utilizan la productividad como vía de escape para no atender todos aquellos aspectos de su vida que sí requieren atención y que no son laborales.

¿Nos estamos olvidando del autoconocimiento?

Mar: Totalmente. El autoconocimiento es absolutamente necesario para saber quién eres, cuáles son tus recursos ante determinadas situaciones, para conocerte... Como seres vivos que somos, nos enfrentamos al día a día y a situaciones nuevas tirando de la biblioteca de experiencias que tenemos. Si no soy consciente de que tengo esa biblioteca de experiencias en base a resultados que he tenido en otros momentos, es como si fuera una persona sin recursos. Todo eso genera una indefensión ante todo lo que nos viene que se nos va de las manos, pero como no somos conscientes de que tenemos recursos psicológicos para hacerles frente... pues tiramos de medicación. ¿Qué hay más fácil que eso? El otro día en consulta, una de mis pacientes me decía: "¿No hay una pastilla que me quite este nivel de incomodidad?". Y yo le decía: "Nadie dijo que fuera fácil". Pero claro, nos han enseñado que medicarnos es algo que te soluciona el problema a corto plazo. 

¿Qué riesgos hay si seguimos dejando en un segundo plano el hecho de conocernos a nosotros mismos, saber cuáles son nuestras necesidades y tener presente qué límites no debemos sobrepasar?

Mar: A mí se me ponen los pelos de punta, porque el problema de la salud mental en nuestro país es algo que callamos, pero las consultas están llenas. Y.… eso será por algo. El consumo de antidepresivos en España es brutal. Yo siempre le digo a la gente que llega a mis consultas que, desde mi punto de entender la mente humana, en el momento en el que tú no sabes quién eres o te fragmentas de tu identidad... te conviertes en una especie de pelele ante el mundo que te rodea. Cuando ponemos el foco en el exterior estamos dejando de alimentarnos. Esto no quiere decir que no tengamos parte de nuestra visión puesta en el exterior, pero hay que trabajarse mucho a nivel interno. Y eso solamente lo podemos lograr parando, observándonos y haciéndonos muchas preguntas. Es la única manera de empezar a alimentar ese autoconocimiento y autopercepción de uno mismo y de encontrar recursos para hacerle frente al mundo