Santander, Caixabank, BBVA... Los ERE de la banca que cuestan 16.000 empleos

El Banco Sabadell ha sido el último en anunciar un expediente de regulación de empleo (ERE) que, según las cifras iniciales, supondrá la salida de 1.936 empleos. Por lo pronto, la entidad sigue estudiando las propuestas que presentaron los sindicatos la semana pasada y que incluirían un plan de prejubilaciones, bajas incentivadas y excedencias voluntarias como medidas alternativas al mencionado ajuste. Pero, insistimos, no es el único. 

Y es que pese a los recortes de personal y oficinas que iniciaron durante la anterior crisis, mucho antes de la pandemia, las fusiones Caixabank-Bankia o Unicaja-Liberbank, así como el avance de los canales digitales, han obligado a las entidades a seguir eliminando empleo, mediante salidas voluntarias, incentivadas o con prejubilaciones. 

En este sentido, la nueva Caixabank, tras la absorción de Bankia, dejará marchar a algo más de 6.400 trabajadores. Recordemos que fue justo antes del verano cuando la entidad capitaneada por Gorigolzarri llegó a un acuerdo con los sindicatos, tras dos meses de negociaciones, huelgas incluidas, que redujo el ajuste inicial de 8.291 despidos a las salidas citadas. Con todo, el banco ha recibido 8.200 peticiones, que se resolverán antes del 20 de septiembre. 

Por su parte, el Banco Santander, también muy curtido en las uniones, fusiones y adquisiciones, la última el Banco Popular, en 2017, ya ha dado salida este año a 3.600 empleados y ha cerrado un millar de oficinas y en el futuro adaptará su estructura "al alza o a la baja" a lo que demanden los clientes, según explicó el pasado mes de julio el consejero delegado de la entidad. 

Mientras, el banco BBVA tiene previsto dar salida a 2.935 personas y cerrar 480 oficinas en 2021, ambas cosas solo en España. Unicaja Banco acaba de comunicar a la representación de los trabajadores que se verán las caras por primera vez el próximo miércoles 22 de septiembre. 

Plan del sector

Con todo, la gran banca española cerrará el año con unos 16.000 empleos menos, fruto del continuo plan de adelgazamiento que aplica el sector desde hace más de diez años por las repetidas reestructuraciones, la baja rentabilidad del negocio por unos tipos de interés históricamente bajos y el avance de la digitalización, acelerado en el último año y medio por la pandemia.

Se cierra de esta forma una parte importante de la historia de la banca nacional, muchas veces criticada por su sobredimensionamiento, pero que también era de las más capilarizadas de Europa y podía atender de forma satisfactoria a la población rural y, sobre todo, a los mayores, que no están familiarizados con la banca "online" y prefieren la atención directa en la oficina "de toda la vida".

En un sector financiero cada vez más reducido por las fusiones, pero también mejor capitalizado y más resistente tras las últimas crisis, las entidades saben que el gran reto es elevar su rentabilidad (medida por el porcentaje de ingresos que consumen los gastos) porque un negocio que no es rentable no es negocio y no atrae inversores, como a veces refleja la cotización bursátil.